Justo ahí se encuentra el planeta Tierra, justo ahí me encuentro yo. En medio, seducido por Afrodita o luchando con y contra Ares. Por un lado la belleza, el deseo y el amor, por la otra banda la guerra, la brutalidad y la violencia. Femenino o masculino, positivo o negativo, derecho o izquierdo, quitar o dar, estrés o voluntad, alma o ego.
Hace poco hablaba del principio hermético de ritmo, en este caso explicamos el principio de polaridad que incorpora la verdad de que en todas las cosas hay “dos lados”, “dos aspectos”, “dos polos”, “un par de opuestos”, con múltiples grados entre los dos extremos. En mi caso hay un Francisco y hay un Daniel, que con esfuerzo integro para poder permanecer coherente.
Estos días así como me acerco a la belleza de la música clásica, el Ho’oponopono y la meditación, también me aproximo a la cara violenta de la misma humanidad, a través de un pequeño libro en Catalán que “parla” sobre La Guerra Civil española y de una mesa redonda donde nos explican el conflicto en Siria.
Después de tomar terapia un año pude reforzar mi convicción sobre lo importante que es este principio de polaridad, sin duda te lo cuestionas mucho cuando se te paraliza sólo una mitad del rostro, pero al final de aquel episodio concluía que mucho más importante que el principio de polaridad es ese observador que puede aceptar lo bueno, lo malo, lo oscuro y lo claro, lo ordenado y lo caótico; hasta el punto de retirarles los juicios de valor y ofrecerle a todos esos aspectos de la creación un te amo, un lo siento y un gracias.
ILUSTRACIÓN: KAETHE BUTCHER

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