Hay un principio del hermetismo que se refiere al ritmo. Este principio encierra la verdad de que en todo se manifiesta un movimiento de ida y vuelta, semejante al de un péndulo, repeticiones entre las polaridades, ciclos, sonidos y silencios, olas que vienen y van.
Podemos estudiar y condicionarnos para sobrellevar estos cambios tanto internos como externos que inevitablemente ocurren y de esta forma evitar trasladarnos hasta los extremos más opuestos, ya que si lo permitimos la sensación resultante pueden ser mareo o vértigo, en mi caso ansiedad.
Desde que ocurrió el episodio de la parálisis facial, la respiración consciente es una manera de mantenerme lo más ligado al centro a pesar de los sutiles cambios rítmicos que se nos presentan.
En su número de abril 2016 la revista Runner’s World España edita un artículo titulado: “Deja que Fluya” donde y cito: “un ultrafondista de élite explica como la meditación ayuda a plasmar el potencial atlético”. Del cual rescato esta definición de meditación: “es la práctica de observar sin reaccionar”. Y como suele ocurrir cuando realmente ponemos atención y observamos podemos encontrar señales.
Sesiones de música clásica, un grupo de meditación en la Casa de Cultura más cercana y la credencial que me da acceso al material de todas las Bibliotecas de Catalunya, son herramientas que obtenemos para seguir encontrándole sentido al ritmo de la vida y tal vez en algún momento convertirlo en una melodía.
FOTO: DAVID LACHAPELLE

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