Mi primer recuerdo de David Bowie es como el príncipe de los “Goblins” en la película Laberinto de 1986, la melancolía de “As The World Falls Down”, la creatividad sumada de Jim Henson, la belleza de Jennifer Connelly y prácticamente el argumento de toda la película fueron elementos que marcaron mi infancia.
Por consecuencia o causa, curiosamente mientras el 2015 agonizaba, me tocaba reflexionar y concluía una cosa: amo los laberintos. Desde los parques de la Ciudad de México cuando era niño, hasta los centros comerciales en mi adolescencia, las enormes librerías, bibliotecas, museos y edificios antiguos en los que me gusta perderme y otros hermosos lugares que hoy entiendo me resulten fascinantes porque sin querer evocan a ese lugar donde vivió y murió el minotauro.
Las calles empinadas de Santorini, el museo de Louvre en Paris, ahora el Barrio Gótico, el Raval, el Born y el Eixample de Barcelona, puede ser incluso que los cuartos oscuros, o los pasillos de algunos saunas hagan que mi memoria viaje y se conecte con esta emoción de infante, donde me siento dentro de una aventura fantástica y busco una salida que tal vez no exista o talvez nunca encuentre.
Incluso mis pensamientos tienden más a ser laberínticos que sencillos, pero gracias a ello puedo reconocer cierta magia y creatividad en mi espíritu, sustituyo fácilmente el miedo a cambio de la expectativa del “a ver que pasa.” Me mantengo andando aunque no sepa cuál es el camino más directo, pero confío en cómo va a terminar la historia: hay un castillo donde el líder de los “Goblins” me espera, recuperaré mi infancia y me quedaré por siempre con esa inocencia que sólo te da el soñar despierto
Curiosamente las reflexiones que cerraron el 2015 y dieron inicio al 2016 coinciden con la muerte de David Bowie, ícono pop del que no puedo declararme un fan, pero si debo agradecerle el que haya protagonizado y colaborado en la realización de la película que más veces vi cuando era niño, la que más me hizo soñar despierto y que lo sigue haciendo cada vez que me enfrento a una aventura nueva, cada vez que me enfrento a los laberínticos caminos de esta existencia.
Para cerrar cito a Michel Gondry en una entrevista que acaba de hacerle el diario La Vanguardia: "Lo pop de antaño es lo clásico de hoy". El señor Bowie hace mucho se convirtió en un clásico, ya es inmortal, así que larga vida al rey (de los Goblins), nos vemos en el castillo aquel.
ENERO 2016

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